Una historia de vida

Soledad, tristeza, angustia y desilusión es lo que yo sentía hace tres meses. Pero un domingo por la mañana me desperté pensando en Adriana, sentía su presencia y me acordé de esas conversaciones que  había tenido con ella y sobre todo de cómo yo me sentía después; contenta, positiva, animada y fuerte. Entonces pensé que ella era la única que podía aliviar al menos esa angustia que me estaba devorando por dentro y que ella me ayudaría a encontrar esa paz interior que yo acababa de perder.

Ese lunes cuando llegué a su consultorio, no paraba de llorar, me pesaba la cabeza, sentía un nudo en el estómago y me dolía el corazón. Ella con la dulzura, calma y paciencia que la caracterizan, me escuchó, me mimó, se ocupó de mí y le devolvió vida a mi cuerpo. En cuanto a mi espíritu, él había recobrado la calma, la angustia había desaparecido por completo.  Gracias Adri, eres un ángel.

Mónica